sábado, 16 de julio de 2016

A veces lo justo no es lo más correcto


Me quiero confesar: me gustan las redes sociales. Esto parecerá para ustedes una cosa tonta o de menor importancia. No obstante, para mí es algo grande porque la sociedad espera que una dama de cierta edad (que no es mucha, por si acaso) y de cierta preparación universitaria no ande «perdiendo el tiempo» en cosas tan frívolas como las redes sociales. ¡Pero me encantan!Qué puedo hacer, si me divierto muchísimo con ellas y las mismas me han dado la oportunidad de convertirme en bloguera y hablar con ustedes. Afortunadamente no he desarrollado un vicio por ellas, pero de que siento un placer oscuro y malsano, lo siento.

Este placer que me generan las redes sociales a veces se me tuerce porque la gente escribe cada cosa que prueban mi paciencia a niveles que jamás pensé que se podía llegar. Y suelo ser tolerante (SUELO) porque me repito una y otra vez que las personas tienen derecho a tener opiniones diferentes a las mías. (En ocasiones quisiera decir par de insultos, pero me los reservo para no ofender). En fin, que siendo yo tan opinadora en este blog me parece curioso que no lo sea tanto en las demás redes. Tal vez sea que aquí presento las cosas como las siento y si ustedes siguen conmigo es que están de acuerdo; o no están de acuerdo, pero los he llevado a reflexionar. Quién sabe si es que encuentran la página entretenida, lo importante es que seguimos juntos en esta aventura que es Entre San Juan y la Mancha

Como les decía, a veces las personas escriben unas cosas, ya sean en Facebook o Twitter, que me sacan el «monstruo». Usualmente logro controlar a la bestia en mí, pero hoy he decidido soltarla un rato porque hay un asunto de justicia por el medio y para defenderla no se puede ser silente, sino militante. Miren, en todas mis páginas de Facebook siempre aparece alguien que le da share a algunas de las publicaciones de la Real Academia Española con respecto al uso del lenguaje inclusivo. El lenguaje inclusivo es cuando en una oración marcamos tanto el género masculino como el femenino. Por ejemplo: «Todos y todas hemos llegado en esta mañana a este lugar a tener un momento de reflexión». Algunas personas lo marcan así, todos/as; otras de esta manera, tod@s.  Obviamente, la Academia está opuesta a esto. Según ella «este tipo de desdoblamientos son artificiosos e innecesarios desde el punto de vista lingüístico»; «la mención explícita del femenino solo se justifica cuando la oposición de sexos es relevante en el contexto»; «el uso genérico del masculino se basa en su condición de término no marcado en la oposición masculino/femenino. Por ello, es incorrecto emplear el femenino para aludir conjuntamente a ambos sexos, con independencia del número de individuos de cada sexo que formen parte del conjunto» (o sea, que en un salón pueden haber 99 mujeres y un solo hombre y por ese único hombre se hacen invisibles a 99 mujeres con el masculino genérico... Jumm); «la actual tendencia al desdoblamiento indiscriminado del sustantivo en su forma masculina y femenina va contra el principio de economía del lenguaje y se funda en razones extralingüísticas».  

Artificioso o no artificioso, el lenguaje inclusivo se presenta como parte de la evolución del lenguaje; evolución lenta, pero certera, que en estos tiempos se alimenta de las luchas de los grupos minoritarios que el poder patriarcal, elitista y heteronormativo trata de ocultar y silenciar. No debemos olvidar que un idioma no es solo el cúmulo de un grupo de palabras que interactúan entre sí. ¿O es que acaso hemos olvidado el trabajo de Ferdinand de Saussure? ¿Es que nadie recuerda que el lenguaje permite un acercamiento diacrónico y sincrónico? La relación significante-significado no es estática, como no lo es la relación de las palabras entre sí en una oración, en un párrafo o en un discurso. Las palabras también se relación en tiempo y espacio. El lenguaje cambia, se transforma, se ajusta a la necesidad del individuo y de la sociedad. Surgen nuevas palabras (neologismos); desaparecen otras (arcaísmos); la construcción gramatical va cambiando sus reglas, así como el estilo del habla y la escritura se modifica al pasar de los siglos. Digo, todo esto me parece evidente cuando ninguno de nosotros (ni de los miembros de la Real Academia) habla o escribe el castellano como lo propuso Antonio de Nebrija en su Gramática castellana del 1492. Así que, decirme a estas alturas que el lenguaje inclusivo es artificioso e innecesario y que va contra el principio de economía del lenguaje y se funda en razones extralingüísticas, me parece (y lo diré con mucho respeto, pero con convicción) totalmente absurdo. 

Creo que, al final y al cabo, de lo que se trata es de lengua y poder. Nosotros y nosotras como latinoamericanos entendemos esto demasiado bien. La llegada del español a nuestras tierras representó la desaparición de muchas lenguas nativas y la imposición de una nueva cosmovisión, junto con una nueva escala de valores. La conquista y colonización de América nos enseñó que el idioma no es solo un idioma: la lengua es control, dominio y poder sobre aquellos y aquellas que considero más débiles. Esta realidad de privilegiar un lenguaje sobre otro, la han vivido también los gallegos, los vascos y los catalanes. 

Teun Van Dijk, en Ideología: un enfoque multidisciplinario, nos dice que «las mentes de los usuarios del lenguaje moldean y son moldeadas por el discurso y otras prácticas sociales en contexto». (O sea, que cuando una niña comienza su proceso de adquirir el idioma materno, se encuentra desde ya con la realidad de que el género masculino es el genérico, el femenino solo se justifica cuando la oposición de sexos es relevante en el contexto y que sin importar que las mujeres sean mayoría en un grupo mixto, siempre debemos escoger el masculino genérico. En resumidas cuentas, la niña va aprendiendo que su lugar en la sociedad es ser segunda o invisible).

Como les dije en un principio, hoy mi monstruo anda suelto, pero ya es hora de ir calmándolo o esto será tan largo, según dicen en mi país, como la esperanza del pobre. Quisiera, entonces, para concluir, presentarles una cita más. José Luis Linaza en su libro Jerome Bruner: acción, pensamiento y lenguaje, citando a Bruner, nos dice:

...El contexto en que se desenvuelve el individuo es de vital importancia para desarrollar el lenguaje, el cual, en primer lugar, le permite solucionar los problemas de comunicación que se presenten, producto de su experiencia con la sociedad que le rodea y en segundo, para construir mundos sociales y desenvolverse en ellos. De ahí que el lenguaje no sea sólo un cúmulo de oraciones «ni un catálogo de significados, sino un instrumento a través del cual los seres humanos crean, constituyen o estipulan un mundo social que pueden compartir».

Como hemos visto, el lenguaje se nutre de elementos, no solo lingüísticos, sino también extralingüísticos. El mismo sirve, no solo para la comunicación simple y llana, sino para moldear ideas y crear el mundo social que rodea al individuo. Es también un instrumento de control y poder de aquellos grupos que la sociedad ha privilegiado y que trabajan, de manera consciente o inconsciente, en detrimento de las minorías. La lengua no solo es el vehículo a través del cual nos comunicamos, sino que también es el medio a través del cual conocemos al mundo y sus valores. Por lo tanto, el lenguaje inclusivo es parte de los cambios que se están llevando a cabo en el español como parte de su proceso evolutivo. Oponerse a él es oponerse al proceso mismo de la vida y de esta en sociedad. ¿Que es complicado? ¿Que no sé cómo leerlo? ¿Que se usan demasiados signos de diagonal? Sí, lo sé. Sé que para muchos esto puede ser una gran complicación. No obstante, recuerden que el lenguaje inclusivo está en su proceso de evolución y experimentará cambios según la sociedad los vaya necesitando. Lo que tenemos hasta ahora no es final y firme; lo que tenemos ahora está en cambio y ajuste constante.  

No podemos perpetuar modelos de injusticia en nuestra lengua para no «complicar» el entendimiento de la misma y defender el parámetro de economía del lenguaje. Tenemos que apropiarnos de la lengua y convertir al lenguaje inclusivo en nuestro instrumento más combativo contra todo lo injusto. Cuando lo uses, tal vez te digan que estás mal o que su uso no es correcto, pero recuerda: a veces lo justo no es lo más correcto.

viernes, 8 de julio de 2016

Al calor de los cuerpos ® (cuento)




El ambiente era el mismo de todas las noches: pobre iluminación, colillas de cigarrillo por todo el suelo, par de mesas de madera en mal estado acompañadas con sus sillas en igual condición; sobre cada mesa, una vela, una botella de licor, dos vasos de cristal y una conversación superflua. El humo de los cigarrillos había creado una gran nube, teñida de las incipientes luces, olorosa a alcohol y sudor. Allí en el arrabal era día de milonga. Hoy se baila tango.

Él llegó al lugar como todas las noches: pasadas las diez; vestido de pantalón y gabán gris algo gastado, camisa blanca, corbata negra y un sombrero a lo Gardel. Pasó el umbral. Esperó a que sus ojos se acostumbraran a la penumbra del local. Sacó el pañuelo y secó su frente. Entonces la vio: sentada en la falda de un hombre, lanzando una carcajada mientras convencía al ya intoxicado señor a que se bebiera otro trago. 
  
Ella reaccionó como todas las noches: tomó el trago que le había invitado aquel hombre de un golpe y sin respirar; cerró los ojos y dejó que una gota de licor descendiera de la comisura derecha de sus labios y se perdiera por la hendidura de sus senos. Se permitió el lujo de dejar los ojos cerrados por un milenio -o un segundo, que en su caso era lo mismo-. Cuando los abrió, se encontró con los de él: los mismos ojos que la buscaban pasadas las diez.

Como todas las noches, entre medio de todo el bullicio del boliche, unos acordes anuncian su canción. Ella se levanta de la falda del ahora cliente inconsciente. Agarra el dinero que hay sobre la mesa, lo cuenta, se queda con una parte y llama al mesero quien limpia y toma el resto. Con sus movimientos lentos, acompasados, casi etéreos, la mujer se acerca al centro del lugar. El hombre, también había comenzado a caminar hacia aquel espacio destinado para el baile. Cuando se encontraron frente a frente, ya varias parejas habían empezado a dibujar sobre el suelo los giros adoloridos y sufridos que proponía la canción.

Él extendió su mano izquierda hacia ella mientras se hundía irremediablemente en la noche eterna de sus ojos. Ella dejó que su mano derecha se deslizara sobre aquella que le invitaba a un viaje sin retorno. Él la acercó hacia sí y ella colocó su brazo alrededor de aquel hombre como si fuera un ala. Al roce de las mejillas, los ojos se cerraron inevitablemente. El cambio de peso de un pie a otro anunciaba el comienzo de la travesía. Un paso, luego otro, una pausa, un desliz. Al calor de los cuerpos, la necesidad de estar más cerca se hacía evidente, como se hacía evidente en cada uno de los rostros el dolor que embargaba cada corazón. Giro en el mismo sitio, cruce de piernas y el pie de ella que roza la pantorrilla de su compañero.

Tú...
yo sé que el cielo,
el cielo y tú,
vendrán acá para salvar
mis manos presas a esta cruz.
Si esta mentira audaz
busca mi pena,
no la descubras tú
que me condena.
Guárdala en ti,
que es mi querer,
desengañarme así
será más cruel *

Él, como todas las noches, sintió que la mejilla húmeda de su compañera se alejaba de la suya y que ella lo miraba a los ojos, tan cerca que un beso hubiera podido salvar esa distancia. «Ya es hora» susurró en una lengua que él pensó que era lunfardo. Mientras miraba aquellos ojos-noche, las llamas -que habían sido invocadas por una vela que en el traspié de algún borracho había dado contra una cortina mugrienta- se habían levantado como gigantescos árboles de fuego que intentaban cubrirlo todo con sus frondosas llamaradas.

- Ya es hora. Vete.
- Volveré mañana.
- No lo hagas. Descansa.
- No puedo. No podré nunca.

Él no pudo evitar, como todas las noches que llegaba al lugar, cerrar los ojos y recordar aquel terrible día: el único en el que, molesto, se había marchado del boliche sin ella. Aquella madrugada, al enterarse que aquel antro se consumía bajo las llamas purificadoras de un incendio, corrió hasta allá, encontrándose con la catastrófica realidad de los cuerpos calcinados aun humeantes. Ya han pasado 10 años y desde ese entonces, pasadas las diez, el hombre se coloca en medio de las ruinas con los ojos cerrados.

        - Te tienes que ir. Ya es hora.
        - Volveré mañana.
        - No lo hagas. Descansa.

No...
no me repitas ese adiós...
que esto lo sepa solo Dios,
el cielo 
y tú. *

__________

* Marcó, Héctor (letra) y Mario Canaro (música). Tú, el cielo y tú. http://www.todotango.com/musica/tema/3181/Tu-el-cielo-y-tu/

Tango de 1944


viernes, 1 de julio de 2016

Buscando guayabas ando yo, anda usted, andamos nosotros





¡Ave María! Qué rico es escuchar una buena salsita. Me gusta la música. Mi gusto musical es bastante amplio (o al menos eso creo). Pero la salsa… la salsa tiene un lugar especial en mi corazón y en mis pies. Para mí la salsa es el recuerdo de las fiestas familiares en casa de mis tíos maternos. Bautismos, cumpleaños, Nochebuena, Navidad, día de Reyes eran la excusa perfecta para formar tremendo fiestón al son de Héctor Lavoe, Richie Ray y Bobby Cruz, Tito Rodríguez, Roberto Roena y su Apollo Sound; la Selecta, el Gran Combo, la Sonora Ponceña, la Fania All Star, entre otros. La música no paraba. Era otro más de los invitados, sino el invitado principal. Así que, no debe parecerles raro que yo le dedique unas líneas a la música en este ejercicio de comunicación llamado blog. 

Buscando guayaba pertenece al álbum Siembra que grabaron en conjunto Rubén Blades y Willie Colón. El mismo se lanzó al mercado en 1978 y contiene alguna de las canciones más icónicas de la salsa como lo son Pedro Navaja, Plástico y Siembra. Era la época de una salsa más intelectual y de crítica social, pero igualmente sabrosa y bailable. Claro está, cuando uno es una niña en 1978 lo de salsa intelectual importa poco. El hecho de que el tipo de la canción ande buscando guayabas, cuando a mí no me gustaba esa fruta, no me hacía ningún sentido. Además, si no encuentra la bendita guayaba ¿para qué sigue buscando? Que se consiga un mangó, un guineo o una piña. 

Al pasar los años pude entender que la guayaba no era guayaba y que las palabras no siempre son lo que parecen ser. ¡Benditas metáforas! Qué nos haríamos sin ustedes. Aquella sabrosa «guayaba» que buscaba el hablante lírico era al objeto de su deseo: «una guayaba salva y morena / una guayaba que esté bien buena»; una «prieta» con sabor a mentol y que lo haga detenerse en su caminar por el mundo. La voz lírica lo que busca es una mujer a quien amar. Y aunque el tema de la mujer como objeto y no como sujeto en la música tropical es harto interesantísimo, tendrá que ser harina de otro costal.

¿Qué es entonces lo que nos ha llamado la atención de esta canción para presentársela a ustedes? Creo que la clave está, no en la guayaba en sí, sino en la búsqueda. ¿Qué tiene el ser humano en su ADN que lo lleva siempre a ella? La búsqueda del amor, la búsqueda de la riqueza, la búsqueda de seguridad, la búsqueda de la longevidad, la búsqueda de la paz. Todos y todas andamos buscando nuestras propias «guayabas» que nos hagan detener en el camino y nos lleven a vivir a la casa dorada que es la felicidad. ¿O no es la felicidad, al final y al cabo, lo que buscas y se hace elusivo en el trayecto? Yo ando buscando mi guayaba, tú andas buscando tu guayaba, todos andamos buscando esa guayaba «que tenga sabor y que tenga mentol». En ocasiones, el cansancio del camino nos desmotiva y terminamos conformándonos con mangós, guineos o piñas (aunque en la realidad no metafórica todos son muy ricos y no tendría problemas en sustituir la bendita guayaba por ellos). En fin, la senda de la vida se presenta ante nosotros y nosotras con sus altas y bajas. El camino no es nada fácil, no obstante, le insto a que siga hacia adelante. El proceso de búsqueda le irá enseñando qué es lo más importante de todo aquello que usted anhela. Llegará el momento en el que lo que usted pensaba que lo haría feliz ya no es tan importante. Se crece y se madura en este caminar, por eso, son tan importantes los procesos. Siga hacia adelante, confíe en el proceso, esté dispuesto a dejar morir aquellas cosas que, usted sabe, ya no representa lo que lo hará feliz. Siga poco a poco, paso a paso: al final del camino la guayaba siempre aparece (tal vez vestida de un sabroso mangó).  

viernes, 24 de junio de 2016

Una vecindad llamada Mundo





El timbre de la escuela sonó (eran las 3 de la tarde). Cada rincón del recinto supo que las labores del día habían terminado. Los niños tomaron sus bultos y salieron corriendo del lugar. Yo era uno de ellos. Corría hacia la libertad, así que bajaba los escalones de la escalera de tres en tres. La libertad te da alas. Mi abuela me esperaba frente a la escuela. Le daba un beso, le pedía la bendición y caminaba junto a ella contando los minutos. El trayecto hacia la casa no era largo, pero yo lo sentía eterno. Trataba de correr con todas mis fuerzas mas la voz autoritaria de mi abuela gritando mi nombre me hacía caer en cuenta que no debía abandonar su lado. Y aunque hubiera podido invertir el tiempo pensando en qué deberes me habían dado, yo entendía que no era el momento en pensar en asignaciones, proyectos o tareas. Era el momento de contar los minutos para llegar a casa: pronto comenzaría mi programa favorito. La realidad era que el «pronto» no era tan pronto. El programa comenzaba a las 6:30 después de las noticias del canal 2. Pero yo tenía que hacer varias cosas antes de sentarme a ver televisión: tenía que bañarme, poner la ropa en gancho, comer y sacar las asignaciones para luego hacerlas. Cuando llegaba la hora, me metía en el cuarto de mis padres, prendía el televisor, me sentaba en la butaca de mi papá y esperaba la introducción del esperado programa: «Este es el programa número 1 de la televisión humorística… ¡El chavo del 8!...». Entonces, mi felicidad estaba completa.

El chavo del 8 fue un programa mexicano muy exitoso que se vio prácticamente en toda América y España. La primera aparición del mismo fue en 1971 y duró hasta 1980, aunque sus personajes también hicieron apariciones en el show de Chespirito hasta 1992. El chavo del 8 presentaba las peripecias de un niño y sus amigos en la vecindad donde vivía. En ella podíamos ver representados diferentes tipos de personas: los que pertenecían a una clase social privilegiada y vinieron a menos (Doña Florinda); los profesionales de la educación (Profesor Girafales); el empresario local (Señor Barriga); el pobre que no encuentra - o no quiere encontrar - trabajo (Don Ramón); la anciana que vive entre el pasado y la realidad que le ha tocado (Doña Clotilde); y la niñez que repite los patrones de vida que han visto de sus padres (Chilindrina, Kiko y Ñoño) o aquella que trata de sobrevivir sola en esa sociedad violenta a la que ha llegado sin saber por qué (Chavo).

La violencia en América Latina se había convertido en una realidad palpable. Los 70 vieron el comienzo de varias dictaduras: Hugo Banzer en Bolivia; Alfredo Stroessner en Paraguay; Augusto Pinochet en Chile; Juan María Bordaberry en Uruguay; Jorge R. Videla en Argentina, entre otros. En esa misma década, México sufrió una gran crisis económica que provocó conflictos con el sector sindical. Toda esta violencia generalizada tiñó también cada episodio de la serie: Doña Florinda le pegaba a Don Ramón; Don Ramón le pegaba al Chavo, a Kiko o a la Chilindrina; el Chavo le pegaba a Kiko, este también le pegaba; y así sucesivamente.

Se preguntarán por qué estamos hablando de El chavo del 8. El 17 de junio falleció el actor Rubén Aguirre quien interpretaba al Profesor Girafales, maestro de los niños y el interés romántico de Doña Florinda. Su partida fue cubierta por los medios noticiosos y las redes sociales. Fueron muchos, en distintas partes del mundo, los que expresaron sus condolencias a la familia del actor y quienes contaron más de una anécdota sobre él. Y es que la muerte de Rubén Aguirre puso a todos los que vivieron la experiencia del Chavo en el lugar de la nostalgia. Nostalgia por una vida pasada; nostalgia por la inocencia; nostalgia por los que estaban con nosotros y ya no están. Todo se resume en la pena de vernos ausentes de los lugares y las personas que nos formaron. Es una tristeza melancólica originada por el recuerdo de una dicha perdida (http://dle.rae.es/?id=QdfICDo). ¿Cuál dicha perdida? Para aquellos y aquellas que vivieron los horrores de la dictadura, la dicha de poder borrar - o al menos ignorar - el dolor, el miedo y el sufrimiento por 30 minutos. La dicha de poder vivir en un mundo, el mundo de la vecindad, que tenía sentido; un lugar en el que las cosas malas ocurrían, pero se resolvían con una estruendosa carcajada.

Tal vez, lo que nos trae en esta hora la adultez es la oportunidad de crear escenarios de vida y esperanza allí donde la historia sembró dolor, muerte y terror. Tal vez lo que nos trae es recordar con cariño aquellos que ya no están con nosotros, pero que nos modelaron lo que era amar y vivir la vida dignamente. La adultez nos ha llevado a vivir en un nuevo espacio, en una nueva vecindad llamada Mundo y mientras encuentro mi lugar en esa vecindad, no puedo evitar escuchar en mi cabeza la canción tema del programa de mi infancia ni que en mi rostro se esboce una sonrisa.  

viernes, 17 de junio de 2016

Una locura llamada esperanza


(https://images.sciencedaily.com/2015/03/150312142909_1_900x600.jpg)

Sí, hablar de esperanza en estos tiempos parece una locura. La tristeza, el desasosiego, la angustia, parecen intentar hacer sus nidos en el alma colectiva de los pueblos. Los recientes acontecimientos ocurridos en el estado de la Florida añaden una lágrima más a nuestra ya llorosa conciencia. Pareciera como si los heraldos negros* de César Vallejo cabalgaran salvajes y desbocados sobre la faz de la tierra. Ante tanto dolor, las voces que se han ido levantando han sido voces de dolor, desesperanza y deseos de venganza. ¿Será acaso esta última la solución para erradicar, o al menos minimizar, el sufrimiento de la humanidad? Es entonces cuando hablar de esperanza se hace locura, pero una locura necesaria.

¿Qué es esperanza? Como término, la palabra esperanza se define como «estado de ánimo que surge cuando se presenta como alcanzable lo que se desea»**. La esperanza cambia nuestro ánimo transformando ante nuestros ojos las circunstancias, haciendo que lo que deseamos sea algo posible y alcanzable. Entonces, ¿qué necesitamos para que la esperanza sea una realidad en esta sociedad convulsa? ¡Esperanzadores! Mujeres y hombres que den, y provoquen, esperanza. Y aunque la palabra esperanzador aparezca en el diccionario como adjetivo y no como un sustantivo, me tomaré esta libertad poética de trastocar, por un instante, su función. ¡Necesitamos esperanzadores! Gente que dé esperanza en los momentos de mayor oscuridad. ¡Necesitamos esperanzadores! Personas que provoquen ese cambio de ánimo en el prójimo que los lleve a visualizar como posible lo que se desea; mas no solo visualizar, sino también que lo provoque a luchar por aquello que la esperanza sabe que es alcanzable. En un mundo tan dolido, tan enfermo, tan sufrido y violento ¿qué es lo que deseamos? La paz. No traigo esta respuesta como una simplista del tipo concurso de belleza. La paz hay que trabajarla, hay que construirla, hay que sudarla. La paz exige sacrificios de nuestra parte: que le demos nuestro tiempo, nuestras fuerzas; que sirvamos con humildad, con entrega, con pasión. Ser un constructor de paz no es sencillo. Ser un provocador de esperanza tampoco lo es, pero nos ha tocado vivir un momento en la historia en que se hace urgente y necesario que se levanten hombres y mujeres que se conviertan en esperanzadores. ¿Te convertirás tú en un esperanzador? No es tiempo de hablar de paz; es tiempo de trabajar por ella.

Sé que hablar de esperanza en estos tiempos parece una locura, pero no existe un momento más pertinente que este para hablar de ella. Además, ¿por qué tenerle miedo a esta locura? Al fin y al cabo, entre San Juan y la Mancha siempre habrá espacio para alguna quijotada.
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*http://www.ciudadseva.com/textos/poesia/ha/vallejo/los_heraldos_negros.htm

** (http://dle.rae.es/?id=GYjXr3Q). 
#unalocurallamadaesperanza
#entresanjuanylamancha

jueves, 9 de junio de 2016

Un viaje hacia la justicia



¿Existiría el prejuicio si las personas supieran la procedencia de sus ancestros? Como miembros de una sociedad ubicada en un marco territorial específico, crecemos pensando que nuestra manera de ver el mundo es la mejor. Que la forma de resolver los conflictos, de hacer las cosas, aun nuestra comida es superior a la de cualquier otro lugar. Es normal, y saludable, sentir orgullo patrio; que amemos nuestro país, nuestras costumbres, recursos naturales, gastronomía y nuestra gente. No obstante, cuando ese orgullo patrio se funda sobre el desprecio y la humillación de otros grupos étnicos y países, se convierte en prejuicio. A través de los siglos, el prejuicio étnico ha probado ser un cáncer para la humanidad: ha arrasado las tierras que ha invadido y ha opacado el brillo del espíritu humano.

No sé si sería suficiente una prueba de ADN para erradicar el prejucio racial o por etnia. ¿Pero es que hace falta una prueba de ADN para llegar a la conclusión de lo importante que es cada país, cada etnia, de cada ser humano? ¿Por qué insistimos en buscar las diferencias que nos separan en vez de las similitudes que nos puedan unir? Creo que este video nos invita a reflexionar y tomar conciencia de que, al fin y al cabo, todos somos ciudadanos del mundo y la diversidad nos enriquece. 




(El video fue tomado de You Tube).

viernes, 3 de junio de 2016

¡Ay, Dios mío, qué paciencia!




¡Ay, Dios mío, qué paciencia! Sí, qué paciencia hay que tener cuando se trata de interactuar con otro ser humano. Todos aquellos y aquellas que leyeron «La corona» saben que trabajo como tutora para la clase de Español en una institución universitaria. El hecho de trabajar con estudiantes le provee a uno toda una serie de experiencias. La mayoría de ellas gratificantes; pero hay otras que ¡ay, ay, ay! Yo he aprendido a tomar estas vivencias como oportunidades de crecimiento a nivel personal. No obstante, confieso, hay ocasiones en que quisiera que salieran rayos de mis ojos para fulminar a alguien. Ya que esto no puede pasar (¡gracias Dios!), me limito a cerrar los ojos y poner la mano sobre el rostro mientras susurro «qué paciencia hay que tener, qué paciencia».

Hoy, por ejemplo, fue uno de esos días de la mano en el rostro. A las 8:40 de la mañana llega este chico muy sonreído y se para en el umbral de la entrada de mi cubículo: venía a aclarar unas dudas sobre el material discutido en la clase del día anterior. Toma asiento frente a mi escritorio y comienza a hablar. Mientras escucho, le observo con cierta intriga: hay algo que me incomoda de él que no logro descifrar. El tiempo que estuvimos dialogando no dejó de sonreír, pero sus labios tenían cierta torcedura que le daban un aire petulante.
- ¿Todo lo que el profesor enseña viene en el examen?
- (¡Vaya pregunta!). Si el profesor lo está enseñando es que es de importancia, es bueno que lo sepas y probablemente venga en el primer examen.
- ¿Pero este material vendrá palabra por palabra? ¿Así?- y comenzó a recitar burlón lo que tenía escrito en su libreta.
- El profesor les dirá qué tipo de examen tendrán, cuáles son los parámetros de evaluación y en cuál formato quiere que contesten.
- ¿Usted sabe quién es la madre de Fulano? (Aquí va el nombre del autor estudiado).
- No, no sé quién es.
- Ah… Debería saber porque ella es la inspiración de su primer periodo como escritor… Bla, bla, bla… -
Así siguió su retahíla de información, con aire de triunfo y sonrisa petulante. ¡Al fin podía demostrar que sabía más que yo! (Entonces, ¿para qué venir a tutorías? Quién sabe). ¿Yo? Me senté derecha -con las manos entrelazadas descansando sobre el escritorio-, mirándolo a los ojos sin ningún tipo de expresión en el rostro. Una vez hubo terminado, le di una amplia sonrisa y le felicité:
- Muy bien, por lo que veo ya está más que preparado –preparadísimo- para lo que pueda enfrentar en la prueba; por lo tanto, gracias por haber venido. Hasta aquí la tutoría. Se puede retirar.
- Pero aún tengo dos preguntas sobre…
- Oh, lo lamento, ya eso es material para otra cita. ¡Adiós!
No sé si el estudiante percibió todos los matices del sarcasmo con el que teñí mis palabras y mi amplia sonrisa, pero no importa, ya me lo saqué del sistema.

Después de toda esta «aventura», no pude evitar que vinieran a mi mente las
siguientes preguntas: ¿Por qué hay personas que para fortalecer su autoestima
intentan humillar a los demás, sobre todo, aquellos que le intentan ayudar? ¿Cuál es la necesidad de disminuir al otro para engrandecerse? El ser humano parece ser la encarnación de todo el sin-sentido que pueda existir en esta vida. Todavía nos falta por entender que el servicio al prójimo es lo que nos enaltece. Cuando compartimos lo que hemos aprendido en esta vida de forma humilde y desinteresada, nos convertimos en mejores personas. La acumulación de conocimiento, diplomas y estudios solo nos provee la oportunidad de conseguir mejores trabajos; pero si ese conocimiento lo ponemos al servicio del otro, el mismo se convertirá en semilla de esperanza en esta sociedad convulsa que nos ha tocado vivir.  

















(La foto fue tomada de httpreplygif.net1021)