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domingo, 16 de septiembre de 2018

DICEN



Dicen que se están marchitando las amapolas.
Que sus colores se han tornado sombríos
y que han dejado de sonreírle al viento
para dejarse abrazar por la fría y húmeda tierra.

Dicen que las amapolas 
han bailado su último vals.
Que han guardado todos sus pétalos y hojas
en la bóveda del olvido
para allí dejarlos 
mientras el tiempo da su viaje postrero.

Dicen que las amapolas ya no cantan.
Por eso, las abejas no las hallan
y las libélulas vuelan angustiadas,
desesperadas,
tratando de encontrar siquiera una.

Las amapolas se marchitan,
ya no bailan.
Las amapolas se esconden tras el olvido.

No obstante, un beso suave y húmedo 
acaricia sus labios de grana: es el rocío, 
quien les canta sobre la mañana.
Después del canto les sonríe
ya que tras el sol siempre llega la esperanza. 

sábado, 24 de febrero de 2018

Cuándo voy a decir ©





¿Cuándo voy a decir
las palabras que me faltan por decir?
¿Cuándo voy a terminar
con esta incertidumbre que nos arropa la existencia?
Esta existencia tan insípida y descolorida
que solo nos recuerdan las carnes putrefactas
de todos los cadáveres besados
por los fríos labios de la Muerte.

Cuándo voy a decir
esas palabras que me faltan.
¿Acaso será el día en que la luz de tus ojos se apague?
¿Cuando el tiempo haya derramado sobre el olvido
el último segundo que le quedaba?

Si eso pasara,
si llegara ese fatídico día,
gritaría al cielo tu nombre.
Lloraría hasta que los ojos se desgajaran 
y un aluvión brotara de ellos
dejando las cuencas vacías,
ciegas, 
sin la más mínima oportunidad de ver 
los colores del alba.

Las fuerzas me faltan,
pero el espanto que provoca en mí
la posibilidad de ese esperpéntico día
me llevan a mirar tus ojos de medianoche.
Medianoche colmada de estrellas,
clara, cálida, prístina.

Murmuro mi secreto
y sé que me escuchas
porque las estrellas en tus ojos tiritan.
Tomo tu mano.
Siento tu suave apretón
como el roce de una hoja sobre la yerba.
Entonces, el dolor, el miedo y la desesperanza
se esfuman callados,
imperceptibles, 
dejando que entre a mi cuerpo
el calor de tu sonrisa,
siempre viva,
siempre eterna.  

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*Foto de Pexels (https://www.pexels.com/photo/astronomy-beautiful-clouds-constellation-355465/)
**Los poemas y artículos de este blog tienen derechos de autor.




viernes, 7 de julio de 2017

Caminando sobre la tierra ©



Caminando descalza sobre la tierra mojada
pienso solamente en las frías gotas
que se deslizan perezosas
sobre mi piel callada.


Mis oídos recogen la sinfónica melodía de la lluvia
mientras mis empapados cabellos
se rinden a la suave caricia del agua fragmentada.


Me detengo ante el nublado paraje.
Los pies no deciden su ruta
solo permanecen allí,
como sembrados,
sintiendo la delicada textura de la tierra fresca,
mojada;
olorosa a naturaleza siempre virgen,
siempre nueva.
Mis pies solo se dejan seducir 
por el abrazo callado
de todas las raíces de la tierra.


Un camino se extiende hacia mí,
sin embargo, mis pies sembrados no se mueven.
La tierra me alimenta el alma
y la lluvia aplaca la sed.
Todo tiene sentido desde la tierra,
desde el agua,
desde esa lluvia que no ha dejado de cantar mi nombre.


El paraje me espera,
pero no me muevo.
Yo solo soy cedro,
yo solo soy lluvia,
yo solo soy tierra.








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  • Este poema queda protegido por las leyes de derechos de autor. Ningún fragmento del mismo puede ser utilizado sin el debido permiso de su autora.